Siguiendo la ley islámica, un musulmán podría tener hasta cuatro esposas si su poder económico lo permitiera. Podría vivir con más mujeres y tener un harén.

Los harenes andaluces estaban repletos de mujeres y algunos alcanzaron la fama, como el harén de Medina Azahara, en la época del califato omeya que llegó a tener 6.300 mujeres contando las esclavas. Otro harén muy famoso fue el del rey sevillano Al-Mutamid de la taifa de Sevilla, que llegó a tener unas ochocientas mujeres.

El prestigio de un soberano en Al Andalus también está mediado por el número de mujeres que tenía su harén. Muchas veces en él había mujeres que habían pertenecido a su predecesor.

El sexo en los harenes andaluces no estaba previsto oficialmente, pero se sabe que existían otras prácticas alternativas. Debemos saber que muchas mujeres que estaban en el harén nunca tendrían sexo con su dueño.

Estas mujeres convivían con otras mujeres y con eunucos y era común que tuvieran relaciones con ellas, no copular, porque no podían ser castradas, pero hacían sexo oral a través del cunnilinguis.

Las mujeres de clase alta, llamadas jassa, llevaban una vida basada en la opulencia, pero vivían encerradas en las fortalezas y tenían que cumplir con el código de honor islámico. Se le pidió que mantuviera la honorabilidad de la familia, estando totalmente alejada de los ojos de los demás. Sus relaciones se desarrollaron exclusivamente en el ámbito familiar.

La intimidad de estas fortalezas en ocasiones no se cumplía porque las mujeres eran observadas desde los minaretes, que eran lugares altos y en los que era frecuente mantener conversaciones a distancia.

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